¿Cuánto cuesta tu silencio?

El precio no es el problema.

Hay una frase que a muchos les congela la sonrisa en medio de una reunión: "¿Y eso cuánto cuesta?".

A veces, esa pregunta llega antes de que hayamos podido explicar siquiera qué es lo que hacemos o cómo podemos transformar su realidad.

He observado que, cuando esto pasa, solemos culpar al cliente. Decimos que "solo busca lo barato" o que no es el perfil adecuado.

Pero hoy quiero que hagamos una reflexión incómoda: si el precio es la única duda de tu cliente, es porque no le has dado nada más en qué pensar.

Si no hemos sido capaces de proyectar el impacto, el ahorro o el crecimiento que nuestra solución genera, lo único que queda sobre la mesa es un número.

He aprendido que el precio solo se siente alto cuando el valor percibido es bajo. No es un problema de billetera, es un problema de percepción.

El avance aquí no es aprender a rebatir la objeción de precio, sino aprender a anclar el valor desde el saludo inicial.

Si la conversación gira en torno al dinero, es porque tú permitiste que el dinero fuera el protagonista de la historia.

¿Estás construyendo valor o simplemente estás esperando a que te pregunten cuánto cuesta?

Mañana, intenta que el precio sea la última pieza del rompecabezas, no la primera.

Lunes de enfoque y estrategia!


Claudia Ruiz

PD: Antes de irte, me ayudas seleccionando una de las opciones de abajo por favor

¿Cuál de estas frases se parece más a lo que te pasa cuando no cierras una venta?

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