Cuando te vuelves reemplazable

Y no te das cuenta

No ocurre de golpe.
No hay una señal clara.

Simplemente, un día,
el cliente empieza a compararte.

Pide otra propuesta.
Pregunta “qué más puedes hacer”.


Reduce la conversación al precio.

Y muchas veces no es porque tu oferta sea débil.
Es porque tu rol se volvió parecido al de todos.

Cuando explicas demasiado.
Cuando te adaptas a todo.
Cuando respondes sin conducir.

Poco a poco, la conversación deja de girar en torno a criterio
y empieza a girar en torno a condiciones.

Ahí el posicionamiento se diluye.

Porque el diferencial no está solo en lo que vendes.
Está en cómo llevas la conversación.

En qué preguntas sostienes.
En qué temas no esquivas.
En hasta dónde acompañas
y desde dónde marcas límites.

Cuando no hay guia,
el cliente no ve un referente.
Ve una opción más.

Y las opciones se comparan.

Consejo claro:
si quieres dejar de competir por precio,
empieza por revisar cómo estás ocupando tu lugar en la conversación.

Nos leemos pronto,


Claudia Ruiz

 

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